Y estaba allí, en aquella esquina, besando aquel vaso de cuba, creo, y te mire a los ojos como perdido, dibujando en mi retina la silueta de tu cara.
Nos fuimos acercando sin darnos cuenta, fruto del imán de nuestras pasiones, tú te perdías en mis orejas, mientras...
Yo te acariciaba con ansia el pelo. Nos cogimos de la mano y fuimos hacia casa, había poca gente por la calle, estábamos sudando, pero hacía frío.
Cerramos la puerta, unimos nuestras bocas, y el tiempo se volvió como invisible. Se hacían cenizas tus pezones, al ritmo que los sorbía con la boca, corrían tantas gotas por tu cuerpo, que quise beberlas todas a un tiempo.
Y así como dos fieras en celo, sucumbimos a los pecados terrenales, nos dimos cuenta que era el medio día, y que aún no sabíamos nuestros nombres.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por tus comentarios, Gusha !!!