No es fácil... No, no es fácil. Lidiar con algo que no existe, sobre todo si lo sabes. Es como si tu propia alma te pidiera a gritos que le dieras un fantasma cada cierto tiempo, para poder alimentarse.
Me dirán que soy un loco por decir esto, pero creo que es mucho más simple si consigues a esa persona con otro en la cama. ¿Sabes por qué? Porque al menos tienes algo. Pero qué pasa cuando te mueres ahogado en tus propios pensamientos? Es como si cada idea fuera una amalgama pegajosa y chiclosa que se pega en tu memoria y no te deja en paz...
Es un sentimiento horrendo, porque por mucho que te repitas que no hay nada que temer tu corazón no hace caso. Cada sombra, cada letra, cada recuerdo del recuerdo hace eco en tu pecho y retumba con dolor. No puedes evitarlo, simplemente te tortura, te atormenta, no te permite pensar en otra cosa que no sea esa imagen inventada.
¿Por qué duele tanto? No está con otra persona, pero lo estuvo en el pasado, jura que nunca amó antes de ti y no puedes creerlo. ¿Por qué habrías de hacerlo, si no tienes nada especial? Además, ¿quién eres tú para juzgar por un pasado en donde tú no estabas y en donde tú estabas también con alguien más?
Te das cuenta de que eres importante allá donde nunca quisiste serlo: en la ceremonia, en la seriedad, en la madurez y en el compromiso. Eres para ella un hombre promedio, pero no es eso lo que quieres. Tú quieres aparecer en los sueños, en las noches, en la lujuria, en la locura, en lo inmenso del mundo y en la profundidad más húmeda de su sexo... Pero no, tú eres símbolo de la pureza, de la bondad y de la tristeza.
Son sólo imágenes en tu cabeza, de cómo se desploma sobre otro cuerpo, de cómo se regocija en otro cabello, de todas las veces que estuvo en su cama, en su casa, en su sexo... Y no puedes hacer más que sentir dolor. Vienen, una y otra vez y te molestan y te persiguen. Luego, alguien bueno te dice que te des con una piedra porque tienes la suerte en las manos y tú sólo deseas salir corriendo.
Quieres hacer algo especial y el otro ni se da cuenta... entonces, regresa: tu imaginación, de nuevo en tu contra, poniendo pensamientos en tu cabeza y espinas en tu corazón. Jamás lo viste, no está pasando y duele... Tu imaginación duele. Tu imaginación te lleva a una habitación iluminada y te hace ver como contempla otro cuerpo durante largo rato, para luego tocarlo y amasarlo y memorizarlo en su mano. Tu cabeza te deja solo, husmeando tras la cortina de una regadera, viendo el agua compartida entre ambos y su mano en la espalda de otro y susurros que no comprendes y das gracias a dios por no poder hacerlo.
Por un segundo piensas que te gusta y por eso te sumerges en estas sensaciones. Pero el aire te falta, las manos te tiemblan, las palabras te fallan y quieres morir: ¿cómo puede gustarte eso?
Ella con otro, hablando de formas y colores, de personas y sabores de helado, comiendo en la misma mesa y pensando de la misma manera... Ella con otro, viendo las mismas letras, sentados en el mismo suelo, en la misma grama o bajo el mismo techo... Ella, sube su mano por la pierna de otro, se trasnocha pensando en el, dedica palabras escritas a el, besa su nuca, recoge su cabello detrás de su oreja, huele su perfume, siente su ropa y busca quitársela y tú sólo lloras y sabes que lo inventas... Odias la imagen de otra cabeza sobre su pecho, de otras lágrimas junto a las de ella y por segundos le odias también...Why does it hurt so much and why am I always so sad... in the end, they're nothing but fuckin shadows...

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