miércoles, 19 de octubre de 2011

EN EL AUTO



Vamos en el auto, camino a un lugar apartado y solo.
Yo trato de mirar el camino, de mantenerme concentradito, bueno al menos lo intento.
Yo siento tus miradas, de tanto en tanto y eso me gusta, mucho.
De pronto una idea loca, asalta tu mente y entonces…
Subes los pies al tablero del carro, sabes que te miro y justo voy a decirme que los bajes, pero me detengo cuando veo que te estás sacando la panty.
Te miro diciéndote con la vista, ¿Qué haces loquita?, pero no lo hago, dejo que sigas y de pronto…
¡Boing!  Un bultito se forma en mi entrepierna y eso te hace reír de manera coqueta y  atrevida.
Te miro y también sonrío maliciosamente, vos te giras hacia mí, pones tu pie derecho sobre mi bultito y me acaricias por encima del pantalón.
 Con dificultad mantengo la dirección del auto, te sonríes y te miro con cara de “esta me la pagaras, un día de estos te voy a ahorcar”.
Con dificultad trato de sostener el volante con una sola mano, mientras que  la otra mano va a parar justo al medio de tus piernas, la introduzco en ti y la retiro, me meto el dedo a la boca y eso te excita.
En el semáforo voy hacia ti y te beso en la boca, mientras tú alcanzas, no sé como a tocar de nuevo mí sexo.
Cambia el semáforo y seguimos el camino el cual se nos hace largo,  en cuanto vemos la oportunidad entramos en un estacionamiento público.
El cual estaba desolado y oscuro, el lugar perfecto para dar rienda suelta a nuestras bajas pasiones.
Como puedo estaciono el auto, apago el motor y voy hacia ti, te beso con rabia en medio de tus risas, te atraigo hacia mí, te siento a horcadas sobre mí, te abrazo y te beso.
Sentada sobre mí, en el auto mientras nos besamos, mis manos van a hacia tus nalgas, levanto tu falda, y meto mi mano desaforadamente.
Siento tu calor en mi pene, llevas tus manos hacia mi bragueta, desatas el pantalón y sin dificultad, dejo salir a la bestia.
La cual entierro en tu humedad, mientras con movimientos logramos que entre y salga a un ritmo conveniente.
Mis manos en tus nalgas. 
Nuestros gemidos se escuchan por todo el estacionamiento vacio, repetitivamente hasta que nos venimos, cada uno a su turno.
En un estallido que te llena de risas, yo te reclamo por tu imprudencia y te digo de las consecuencias y tú me repartes tus besos por toda la cara.
Consciente de que la tapicería de mi carro quedó hecha un desastre y que cuando lo note, vas a querer ahorcarte.
Aunque a la vez también querré volver a repetirlo mi niña traviesa …

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